“Elixir con Esencia Histórica” 

En la Hispania Romana, llegamos a la antigua SALMANTICE, mansio número IX del Iter ab Emerita Asturicam, cruzando el rio a través de su puente romano del siglo I, con su verraco y sus quince arcos de medio punto, sus vías, sus calzadas romanas y lienzos de muralla. La ciudad Cum Laude, llamada “La pequeña Roma”…

SALMANTICE se halla en la antigua ruta romana de la vía de la Plata. Esta ruta canalizó en su día el desarrollo urbano y comercial del occidente peninsular desde el siglo II, que aún era utilizada como camino trashumante.

La antigua Roma ha ayudado en gran parte a lo que somos ahora y tenemos que apreciar todo lo que nos venga contado por la historia de Hispania.

El imperio Romano fue uno de los ejes centrales de la expansión de la Vitivinicultura a nivel mundial. De las riquezas de la tierra y del buen yantar, surgieron las influencias de la Viticultura en la Península. De la gran producción, de la altísima calidad de los frutos y de los vinos, aumentó la expansión y el esplendor de este elixir. El vino, es un caldo que no es otra cosa que el zumo fermentado de uvas aplastadas. Las levaduras naturales presentes en la piel de los granos convierten los azúcares del jugo en alcohol.

En la época imperial, su consumo estaba en torno a 1-5 litros por persona al día. El vino era el elixir de los romanos. Para los romanos, cultivar la vid era algo honrado y mundano, pero el vino resultante encarnaba tanto el lugar del que venían como aquello en lo que se habían convertido.

En lo referente a la elaboración del vino romano, predominaba la práctica del pisado de la uva una vez terminada la vendimia. El mosto resultante de dicho pisado, era el más apreciado y se mantenía al margen del que se obtenía por el prensado posterior de la uva. Después de esto, el mosto se almacenaba en grandes recipientes de barro, algunos de ellos con una capacidad de miles de litros, los cuales generalmente estaban parcialmente enterrados en el suelo de un granero.

Era en eso mismo recipientes donde se producía la fermentación, que tenía una duración muy variable, de algunos días hasta un mes, tras lo cual el vino se envasaba en ánforas. El vino se transportaba de un extremo del mare Nostrum en naves en ánforas de cerámica. Los romanos consideraban el vino un producto de primera necesidad. Este preciado caldo se convirtió en un símbolo de diferenciación social, un indicador de riqueza y alcurnia del bebedor.

Los romanos ya descubrieron las propiedades saludables que proporciona el Vino. El médico Galeno recetaba con regularidad vino y remedios basados en esta bebida para mejorar la salud del emperador. Lo bebían el César y los esclavos por igual. Podía tomarse como remedio para un resfriado. Cuanto mejor fuera el Vino, creía Galeno, más eficacia medicinal tendría para uso terapéutico…

En la cultura romana, el Vino tenía implicaciones religiosas, medicinales y sociales, que lo separaban de otros alimentos y hasta lo entronizaban. Se instauró una doctrina más democrática, volviéndose el Vino un bien de consumo diario y dejando de ser un lujo reservado a pocos, tradición que se extendió hasta nuestros tiempos…

En la Biblia está escrito:  Isaías 56:12

"Venid, dicen, bebamos vino; y embriaguémonos bien, y lo mismo que hoy haremos también mañana, y mucho más ..."

"Veni, Vidi, Vici", pronuncío el general romano Julio César en 47. a. C., para proclamar ante el senado su gran victoria en la Batalla de Zela.

En nuestro siglo XXI, la fórmula real propuesta por SALMANTICE en latín sería: "Vinere, Videre, Vincire ... y Deus Vicit"

Salmantice